Ambiente y econom�a (todo va junto)
Por Clara Rivero Sosa
El autor de la frase es un atípico economista y ambientalista chileno, Premio Nobel Alternativo (Right Livelihood Award ) 1983. Autor de “Economía Descalza” y “Teoría del Desarrollo a Escala Humana”. Una de las voces más críticas al sistema neoliberal.
La felicidad de la que habla Max Neef en la frase del epígrafe está referida, indudablemente, a la felicidad real, no ficticia, ni inducida artificialmente por droga alguna. Se trata del bienestar que se alcanza luego de satisfacer las auténticas necesidades y que no consiste en el cumplimiento de deseos postizos creados e inducidos por el consumismo y la publicidad, sino del disfrute de circunstancias y realizaciones inefables (esto es, no mensurables) pero absolutamente reales, como el contar con una identidad, estar integrado a la comunidad, sentirse contenido y acompañado interactuando con los otros en un ambiente sano y en un clima de respeto; poder crear; participar; tener salud y acceso al conocimiento y al goce de la naturaleza, de la belleza, de las artes, todo lo que va mucho más allá de los espejitos de colores del centro comercial y de las mediciones del PBI.
El mismo Max Neef suele repetir que “cuando se meten los pies en el barro y se mira frente a frente a un nombre y un apellido, a un José López, pobre, desempleado, con cinco hijos, nada del discurso económico aprendido sirve para decir algo coherente. ¿Tendría sentido, por ejemplo, que le dijera a López que debiera estar contento porque la economía está creciendo a un 6%? Decir algo así llegaría a ser obsceno.” Y no empezó a decir estas cosas justamente ayer, pero, junto a otros (en su momento descalificados y denigrados incluso por sus pares) marcó la línea de pensamiento que ahora cunde como un estallido ante el colapso de la economía mundial, suceso que venían anunciado durante décadas y que los economistas ortodoxos parecieron no advertir hasta ese mismo día.
Hoy estamos viendo y escuchando a los millones de los autodenominados “indignados” que salen a expresar su descontento en todo el mundo y en lugares hasta hace poco inimaginables. Estos últimos acontecimientos también dejan más claramente a la vista la interdependencia entre ambiente y economía. Esta última se constituyó en una especie de fundamentalismo laico y, de ser una herramienta para el logro del bienestar general y de una correcta administración, se desvirtuó en un fin en sí mismo al cual la gente debe ajustarse de cualquier modo, como al lecho de Procusto (si no la recuerdan consignaremos más abajo la leyenda griega).
El crecimiento de la economía se dio (y se da) a expensas de la salud e integridad del ambiente, abalanzándose sobre él para extraerle vorazmente todo lo que devenga en lucro y así, como está minando su propia base, provoca las simultáneas crisis económica y ambiental que padecemos globalmente. Nos preguntamos cómo pudo ocurrir esto con la monumental cantidad de información que se halla disponible. Quizás se den así las cosas porque los datos sobreabundan, es relativamente fácil apropiárselos y hasta repetirlos al dedillo, pero no se llega a su cabal comprensión, a asimilarlos, a elaborar conocimiento a partir de los datos y –mucho menos- por medio del conocimiento a acercarse a la sabiduría.
La depredación exhaustiva de los recursos planetarios está en la raíz de la potenciación extrema del Cambio Climático, en la declinación catastrófica de la biodiversidad, en el avance de la desertificación, en la menor disponibilidad de agua potable; en la contaminación de agua, aire y suelos; en los desplazamientos poblacionales forzosos; en el abarrotamiento de las ciudades; en la miseria, en la injusticia social, todos ellos ¿sus “daños colaterales”? Pero está en marcha un nuevo paradigma, una nueva forma de entender el mundo, de vivir en el mundo. No es novedad, sólo que ahora se comienza a prestarle atención y el conflicto hace que se vuelva la vista hacia esas alternativas que permanecían invisibilizadas o despreciadas. Volveremos sobre ellas.
EL LECHO DE PROCUSTO
Procusto (o Damastes) era un mítico monstruo (otros dicen que un rey o un bandido) que –según la leyenda- vivía en la ciudad de Eleusis, a poca distancia de Atenas. Era fama que en su morada brindaba hospitalidad a los viajeros y les ofrecía un lecho especial para que descansaran. A todos aquéllos que superaban las medidas de la cama los mutilaba recortándoles los miembros que sobresalían, mientras que a quienes no alcanzaban el largo los ataba estirándolos hasta matarlos. Finalmente el héroe Teseo ejecutó a Procusto con sus mismas técnicas. Todo parecido de esta historia con la economía mundial...es una pura coincidencia que se remonta a varios milenios atrás.
JUICIO ÉTICO Y SENTENCIA A LAS TRANSNACIONALES
Indudablemente nos faltará espacio para todos los comentarios a que da lugar la audiencia que entre el último día de septiembre y el primero de octubre llevó a cabo un grupo de organizaciones sociales y ambientales la localidad de Wanda, Misiones y donde fueron enjuiciadas las empresas transnacionales Monsanto, Cargill y Alto Paraná. En la ocasión se oyeron a testigos presentados por las ONG, a pobladores de las localidades afectadas y a las víctimas directas de la presencia y de las metodologías de trabajo de dichas corporaciones transnacionales en nuestro suelo.
Según el informe de BiodiversidadLA se expusieron “denuncias debidamente documentadas, y se ha constatado que la explotación de los bienes comunes naturales y de los territorios por parte de las empresas transnacionales, provoca en las comunidades en cuyo entorno se desarrollan sus actividades, violaciones flagrantes de los derechos humanos y de los derechos de la naturaleza. Hay en curso un ecocidio y un genocidio silenciosos. Muerte, enfermedades, represiones, han sido denunciados en testimonios que reúnen al mismo tiempo un dolor inmenso, y una gran capacidad de resistencia de los pueblos. Este tribunal quiere valorar -en primer lugar- el coraje de quienes habiendo sufrido en sus propios cuerpos semejantes crímenes, continúan luchando para que se haga justicia y que esa justicia beneficie a todos y a todas.” Son largas la documentación y las detalladas consideraciones, así como la “sentencia” a la que arriban, pero cabe destacar, que además de su valor declarativo, este juicio no tendría demasiado peso si apuntara solamente a estas enormes corporaciones, ya que a ellas, si mientras tanto continúan haciendo buenos negocios, apenas si miran de reojo estas manifestaciones. El quid de la cuestión reside sin ninguna duda en los poderes y complicidades locales, sin los cuales ni los atropellos ni las violaciones que cometen las transnacionales jamás hubieran tenido ni tendrían cabida.
Como este material es muy rico, para quienes deseen leerlo en su totalidad, se encuentra disponible en la dirección http://juicioalastransnacionales.org/.