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OPINIÓN

En marcha hacia el 25 de mayo

Por VRN Noticias 21 de mayo, 2011 391
Por Clara Riveros Sosa




La especie humana se ha caracterizado por ser muy caminadora. Parece que nuestros remotsimos antepasados comenzaron a dispersarse desde su originaria tierra africana y andando hicieron todos los recorridos del mundo, salvo de la Antrtida.



La interminable marcha, sustentada en parte con precarios medios de navegacin, demand muchos milenios y aun hoy -si bien limitada por fronteras, leyes, aduanas, guardias armados y por muros y alambrados concretos o de pura burocracia- de alguna manera no se ha detenido.




Siempre la impulsaron las circunstancias ambientales desfavorables, las conmociones geolgicas y meteorolgicas, la bsqueda de mejores lugares para tener cobijo y alimentarse y, ms tarde, la expansin y presin de otros grupos de su misma especie, las persecuciones, las guerras, y ahora tambin el cambio climtico, la falta de agua potable, la desertificacin de suelos otrora frtiles, la prdida de recursos pesqueros y el acaparamiento de tierras que quedan segregadas de toda disponibilidad.




Escuchbamos a un dirigente de un pas subsahariano que explicaba con desoladora claridad las duras condiciones a que est sometida all toda la poblacin, pero que sufren de manera mucho peor los campesinos locales, cuyo pesado trabajo y vida miserable dependen de las exigencias extremas de las grandes empresas y los estados desarrollados (lase precios bajsimos para sus cosechas, la imposicin de obtener mayores y ms rpidos rendimientos y de usar agroqumicos que degradan el suelo y sus vidas).




Aada que, como consecuencia, el agotamiento definitivo de sus tierras ya es inminente y que entonces nada detendr a su gente en su marcha desesperada e inexorable hacia Europa; porque morir en el intento le resulta ms aliviado que la agona de permanecer.




Mientras tanto, los habitantes de algunos pases isleos en medio del ocano, piden asilo a otros estados ante la subida de nivel de las aguas que calentamiento global de por medio- amenaza su supervivencia. Nadie se apura a brindarles hospitalidad.




El mismo esquema parece repetirse fronteras adentro de cada pas y se celebran xitos econmicos que coexisten con ms que bolsones de pobreza, miseria y exclusin.




En estos das que se acercan a una nueva celebracin del 25 de mayo, el pavimento nuevo, la plaza central de Resistencia y su entorno inmediato convenientemente remozado, parecen muy adecuados para la fiesta que se prepara, pero resultan demasiado contrastantes con muchas reas de la realidad entre las cuales se destaca la marcha las perpetuas caminatas humanas- de organizaciones de campesinos, aborgenes y criollos, que ahora acampan en Juan Jos Castelli a la espera, por parte de las mximas autoridades, de respuestas slidas y tangibles a sus reclamos, infinidad de veces odos por los funcionarios de todo rango, pero siempre diluidos e indefinidamente postergados en efmeras promesas.




Slo exigen aquello que les corresponde por derecho, nada ms ni nada menos que lo establecido en las constituciones, las leyes y los convenios internacionales firmados. No es la primera vez que se manifiestan de esta esforzada y penosa manera. Las respuestas debidas llevan un atraso de siglos.




Pareciera que, tal como se hiciera en Buenos Aires con los representantes qom de la comunidad de La Primavera, de Formosa, se espera a que la situacin se vuelva insostenible (y no nicamente para los acampantes) para tomar alguna resolucin.




Todos parecen ms interesados en el acampe del Movimiento Indignados que se lleva a cabo en Madrid y otras ciudades espaolas y hasta podra creerse que se complacen con ello: miren lo que pasa hoy en un pas del llamado primer mundo! No nos damos cuenta de que estamos reproduciendo un modelo (que no es para tomar de modelo) que participa simultneamente de los peores parmetros de los envidiados pases industrializados y de las polticas que stos consuman en detrimento de las naciones africanas, pero no solamente africanas, claro.




Casi en vsperas de la mayor fecha argentina corresponde pensar y preguntarnos hacia exactamente qu patria marchamos, no la del mes que viene ni la del ao prximo, sino la que dejaremos a nuestros descendientes. Una vez libres e independientes resulta totalmente incoherente y mezquino que vivamos auto colonizndonos.




Tampoco podemos pretender y proyectar para nuestra tierra meras fantasas sino lo mejor que podamos hacer a partir de lo que ya tenemos, con la gente que somos, y preservando con el mayor de los cuidados nuestro valioso, amplio y todava rico patrimonio, natural, cultural (y humano por lo tanto).




Este legado no es por cierto exclusividad de las generaciones de hoy y su dilapidacin por nuestra parte configurar un absoluto ecocidio por el cual, con toda seguridad, podremos ser juzgados por los que vendrn.