OPINIÓN
La derrota nunca es definitiva
Ellos son especialistas, profesionales del status quo. Saben que para sostener este equilibrio reinante, altamente conveniente a sus intereses precisan que todo siga invariablemente en el mismo lugar. En todo caso ensayan cambiar algo para que nada cambie, simular reformas que no sean demasiado transgresoras, para volver al punto de origen sin ms.
La ciudadana, los ms entusiastas vecinos, esos que tienen inquietudes y que el poder se ocupa de opacar, amedrentar y someter, caen en desgracia rpidamente de la mano de los anticuerpos del sistema, esos que impiden cualquier intento que vaya en sentido inverso.
La desazn es mucha, la bronca tambin. Los ms, caen derrotados y se entregan. Asumen que es poco lo que se puede hacer, que no vale la pena y que es preferible claudicar a seguir luchando sin sentido, para solo acumular tropiezos.
Es lo que los poderosos desean que sienta cualquier enemigo del sistema. Recitan participacin, dicen promover el fervor ciudadano, convocan a ser parte del futuro, pero en realidad, no quieren que nadie intervenga en sus planes, esos que tienen trazados para transitar un camino lineal.
Ellos apuestan fuertemente a esa resignacin cvica, aunque no estn dispuestos a reconocerlo en pblico. Si los ciudadanos realmente pudieran participar y plasmar sus inquietudes claramente, sera un verdadero problema para el poder. Sera inviable en ese escenario, sostener la corrupcin, la inaccin, la indiferencia. Con un grupo de ciudadanos entusiastas dentro del sistema eso sera imposible. Para poder avanzar en su esquema precisan una ciudadana derrotada, que habindolo intentado haya tomado conciencia de la imposibilidad de torcer el rumbo.
Si esos ciudadanos lograran ser protagonistas, ellos, deberan ser transparentes en el gasto, honestos y austeros para administrar recursos, deberan convocar a los mejores y no rodearse de mediocres, premiaran el talento y no el servilismo, gobernaran los mejores y no los aduladores.
El riesgo que constituye la participacin para el sistema poltico vigente es elevado. Y ellos lo advierten. Mantener los paradigmas actuales supone, previamente, amedrentar a los atrevidos ciudadanos que consideran tener ideas para modificar el esquema actual.
Justamente, por estas razones, la ciudadana no puede darse el lujo de capitular as nomas. No est permitido renunciar a los lugares que se ocupan, porque esos espacios cedidos, sern asaltados por gente que ellos se ocuparan de colocar no solo en los gobiernos, sino en cualquier lugar de mnima influencia, lo que incluye las organizaciones de la sociedad civil.
Es que son expertos y conocen el modo de lograrlo. Entienden que los lugares son para ocuparlos, el poder para ejercerlo, y cada espacio, por pequeo que parezca, es necesario tomarlo, no solo para hacerlo propio sino para que el enemigo, no pueda ganar terreno.
De eso se trata, de la conquista del poder, de centralizarlo y concentrarlo, para que la mayora silenciosa y desorganizada se atemorice y crea ser solo una minora intrascendente sin chance alguna de cambiar las cosas.
Los intentos espasmdicos, los caprichos ciudadanos no alcanzan. Se trata de ser perseverante, profesional, de insistir en ello, de prepararse para resistir la tentacin de entregarse, porque ellos juegan con eso, y especulan con el cansancio moral de los luchadores de a pie.
Presumen, con certeza, que con un par de fracasos, los ms abandonarn y volvern a la comodidad de sus rutinas. Perciben que la mayora no tiene tolerancia a las derrotas y que ante el primer escollo, no lo intentaran nuevamente para pasar a engrosar las filas de los resignados de siempre.
La reserva moral de esta sociedad es escasa, pero tambin es cierto que es cmoda, ablica y no toma dimensin del tamao del adversario, de su inmensa capacidad profesional para enfrentarlo.
Ellos tienen paciencia, metodologa, recursos ( ajenos ) y sobre todo, un profundo conocimiento de la sociologa popular. Comprenden que la tolerancia a la frustracin es muy baja en la mayora de los seres humanos y que una pequea secuencia de cadas, alcanza para mandar a los ciudadanos a sus casas con la cabeza baja y sin fuerzas para reintentarlo.
Las malas experiencias sufridas, resultan suficientes para quitarle las ganas casi a cualquiera. Y ellos lo intuyen. El error central, est en creer que se trata de soplar y hacer botellas, de suponer que esto es un juego de nios y que el adversario se rendir a nuestros pies, solo porque nosotros creemos tener la razn o porque resulta evidente que son ineptos o deshonestos.
No es tan simple la cosa. Se trata de una batalla dura, larga y hay que estar dispuesto a esa pelea. Si el calor del poder torcer nuestros principios, si la comodidad de lo conocido puede ms que el sueo de cambiar nuestro metro cuadrado para nosotros y para no dejarles a nuestros hijos esta herencia pattica de una sociedad que se entrega mansamente por incapacidad de dar la batalla, pues este no es nuestro partido.
Es cierto que venimos perdiendo la pulseada, y es bueno tomar nota de ello para ser realistas observando la foto del presente. Es posible que el xito en esta empresa tal vez nunca llegue, pero en todo caso, como bien deca Jorge Luis Borges la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce.
Lo que ellos no registran, ni esperan, ni tienen en cuenta y que nosotros como ciudadanos deberamos apuntar cuando las fuerzas decaen, es aquello que afirmaba Jos Saramago, la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo: jams es definitiva
Alberto Medina Mndez
La ciudadana, los ms entusiastas vecinos, esos que tienen inquietudes y que el poder se ocupa de opacar, amedrentar y someter, caen en desgracia rpidamente de la mano de los anticuerpos del sistema, esos que impiden cualquier intento que vaya en sentido inverso.
La desazn es mucha, la bronca tambin. Los ms, caen derrotados y se entregan. Asumen que es poco lo que se puede hacer, que no vale la pena y que es preferible claudicar a seguir luchando sin sentido, para solo acumular tropiezos.
Es lo que los poderosos desean que sienta cualquier enemigo del sistema. Recitan participacin, dicen promover el fervor ciudadano, convocan a ser parte del futuro, pero en realidad, no quieren que nadie intervenga en sus planes, esos que tienen trazados para transitar un camino lineal.
Ellos apuestan fuertemente a esa resignacin cvica, aunque no estn dispuestos a reconocerlo en pblico. Si los ciudadanos realmente pudieran participar y plasmar sus inquietudes claramente, sera un verdadero problema para el poder. Sera inviable en ese escenario, sostener la corrupcin, la inaccin, la indiferencia. Con un grupo de ciudadanos entusiastas dentro del sistema eso sera imposible. Para poder avanzar en su esquema precisan una ciudadana derrotada, que habindolo intentado haya tomado conciencia de la imposibilidad de torcer el rumbo.
Si esos ciudadanos lograran ser protagonistas, ellos, deberan ser transparentes en el gasto, honestos y austeros para administrar recursos, deberan convocar a los mejores y no rodearse de mediocres, premiaran el talento y no el servilismo, gobernaran los mejores y no los aduladores.
El riesgo que constituye la participacin para el sistema poltico vigente es elevado. Y ellos lo advierten. Mantener los paradigmas actuales supone, previamente, amedrentar a los atrevidos ciudadanos que consideran tener ideas para modificar el esquema actual.
Justamente, por estas razones, la ciudadana no puede darse el lujo de capitular as nomas. No est permitido renunciar a los lugares que se ocupan, porque esos espacios cedidos, sern asaltados por gente que ellos se ocuparan de colocar no solo en los gobiernos, sino en cualquier lugar de mnima influencia, lo que incluye las organizaciones de la sociedad civil.
Es que son expertos y conocen el modo de lograrlo. Entienden que los lugares son para ocuparlos, el poder para ejercerlo, y cada espacio, por pequeo que parezca, es necesario tomarlo, no solo para hacerlo propio sino para que el enemigo, no pueda ganar terreno.
De eso se trata, de la conquista del poder, de centralizarlo y concentrarlo, para que la mayora silenciosa y desorganizada se atemorice y crea ser solo una minora intrascendente sin chance alguna de cambiar las cosas.
Los intentos espasmdicos, los caprichos ciudadanos no alcanzan. Se trata de ser perseverante, profesional, de insistir en ello, de prepararse para resistir la tentacin de entregarse, porque ellos juegan con eso, y especulan con el cansancio moral de los luchadores de a pie.
Presumen, con certeza, que con un par de fracasos, los ms abandonarn y volvern a la comodidad de sus rutinas. Perciben que la mayora no tiene tolerancia a las derrotas y que ante el primer escollo, no lo intentaran nuevamente para pasar a engrosar las filas de los resignados de siempre.
La reserva moral de esta sociedad es escasa, pero tambin es cierto que es cmoda, ablica y no toma dimensin del tamao del adversario, de su inmensa capacidad profesional para enfrentarlo.
Ellos tienen paciencia, metodologa, recursos ( ajenos ) y sobre todo, un profundo conocimiento de la sociologa popular. Comprenden que la tolerancia a la frustracin es muy baja en la mayora de los seres humanos y que una pequea secuencia de cadas, alcanza para mandar a los ciudadanos a sus casas con la cabeza baja y sin fuerzas para reintentarlo.
Las malas experiencias sufridas, resultan suficientes para quitarle las ganas casi a cualquiera. Y ellos lo intuyen. El error central, est en creer que se trata de soplar y hacer botellas, de suponer que esto es un juego de nios y que el adversario se rendir a nuestros pies, solo porque nosotros creemos tener la razn o porque resulta evidente que son ineptos o deshonestos.
No es tan simple la cosa. Se trata de una batalla dura, larga y hay que estar dispuesto a esa pelea. Si el calor del poder torcer nuestros principios, si la comodidad de lo conocido puede ms que el sueo de cambiar nuestro metro cuadrado para nosotros y para no dejarles a nuestros hijos esta herencia pattica de una sociedad que se entrega mansamente por incapacidad de dar la batalla, pues este no es nuestro partido.
Es cierto que venimos perdiendo la pulseada, y es bueno tomar nota de ello para ser realistas observando la foto del presente. Es posible que el xito en esta empresa tal vez nunca llegue, pero en todo caso, como bien deca Jorge Luis Borges la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce.
Lo que ellos no registran, ni esperan, ni tienen en cuenta y que nosotros como ciudadanos deberamos apuntar cuando las fuerzas decaen, es aquello que afirmaba Jos Saramago, la derrota tiene algo positivo: nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo: jams es definitiva
Alberto Medina Mndez